7. Algunas reflexiones acerca la idea de investigar.

Hay que desmitificar la idea de investigar.

A algunos les gustaría que la investigación fuera competencia exclusiva de académicos y otros profesionales. Argumentan que otros deberían aprender lo que ya se sabe —deberían capacitarse— y dejar la investigación a los expertos. A algunos les gustaría someter la investigación a estándares preestablecidos, una variedad aceptada de metodologías, técnicas y formatos. Pero una investigación no necesita hipótesis, ni objetivos, ni metas para ser investigación, lo que no quiere decir que la investigación dependa del azar. ¿James Castle hizo una investigación?1Su biografía afirma: «Without instruction, Castle taught himself how to create perspective in his drawings. It appears he learned through endless practice, repetition and experimentation.» Leer más. Reflexionemos sobre eso.

James Castle (1899-1977) en artsy.net

Normalmente, pensamos en «proyectos de investigación» más que en investigación como tal. Los proyectos «proyectan» algún resultado deseado o esperado en el futuro, que es precisamente el propósito de los supuestos, hipótesis, objetivos y metas. Por tanto, son una parte común, pero no necesaria, de las propuestas de proyectos de investigación. Los proyectos de construcción son un tipo específico de proyecto de investigación que nos pueden ayudar a problematizar los proyectos de investigación en general. Tales proyectos «proyectan» alguna «construcción» terminada en el futuro. Podríamos preguntarnos: ¿Son derivados de la investigación? ¿De un proyecto de investigación? ¿O bien, se originaron como una idea en la mente de un hombre o un dios? Cuando un «proyecto» está «en construcción», ¿cuál es su relación con la investigación y los «hechos reales»? ¿Cómo avanzó la investigación? ¿Produjo nuevos conocimientos que enriquecieron el proyecto? ¿Cómo avanzó el proyecto a la construcción? ¿Qué estudios institucionales se realizaron? ¿Qué alternativas se exploraron? ¿Quién lo propuso (lo proyectó)? ¿Para beneficio de quién? ¿Qué significa? ¿Qué revela? ¿De cuáles contextos —institucionales, económicos, ambientales, teóricos, conceptuales— surgió? ¿Cuál es su relato? ¿Cuál es el relato invisible y subterráneo que subyace al relato de los investigadores? ¿Qué quiere decir «se quedó en proyecto»?

El desarrollo e implementación de un «proyecto» es esencialmente un proceso de investigación enfocado en el cumplimiento de algún tipo de meta o metas: una vida; un informe; algún tipo de conocimiento nuevo; un texto (tesis, libro, artículo); una obra de arte (pintura, grabado, escultura, instalación u obra interactiva); un centro de residencia de artistas, un centro cultural o un laboratorio; un concierto o una composición musical; un edificio, camino, tren, monumento o instalación hidroeléctrica; un arresto.

En resumen, un «proyecto de investigación» es también un proyecto. Se «desarrolla» mientras se realiza, y se realiza a través del proceso investigativo, el cual incluye la toma de decisiones sobre la orientación del proceso investigativo, sobre su apego a las normas culturales e institucionales, sobre posibles nuevas líneas de investigación, etc.

La claridad y la fe son enemigas de cualquier investigador, porque investigar no es lo mismo que elegir entre opciones conocidas. La investigación implica enfrentarse a lo desconocido. Esto requiere un enfoque crítico que exige a los investigadores a ser escépticos del estado actual del conocimiento, de sus fuentes de información, de los datos y otras formas de evidencia, o de las observaciones de campo propias y ajenas, pero sobre todo, escépticos de los procesos de investigación a favor de cualquier «proyecto», incluso el propio: ¿Cómo llegué / llegaron a esta solución? ¿Se consideraron todas las opciones? ¿Qué hubiera pasado si yo / ellos no hubieran invertido en …? ¿Cuáles son los problemas o las cuestiones que yo / ellos no consideraron? ¿Por qué yo / ellas confiaron en los datos? ¿Por qué firmé ese contrato? ¿Qué limitaciones políticas, sociales, culturales y económicas influyeron en mis / sus decisiones?

Un error común en la investigación es querer probar lo que no puede ser respaldado por evidencia o querer probar hipótesis sin metodologías adecuadas, como si estas fueran las únicas formas de realizar una investigación. La investigación también avanza mediante la construcción, mediante una nueva síntesis, una nueva forma de combinar los elementos: en definitiva, un nuevo relato. La investigación surge y avanza a través de la incertidumbre. Así, una de las preguntas más importantes que los investigadores deben hacerse es: ¿Cuáles son las condiciones necesarias para permitir a mi / ellos afirmar …, argumentar …, declarar …? ¿Con qué grado de certeza puedo / ellos / nosotros concluir…?

Las consideraciones descritas líneas arriba son los elementos de los relatos de investigación, elementos que los investigadores y las instituciones incluyen, excluyen o incluso ocultan en sus relatos. Los relatos de investigación se narran múltiples veces durante el proceso de realización, incluso cuando se presenta solo a los autores / creadores. Durante el proceso, estos “relatos provisionales” expresan, en primera instancia, las semillas que dieron origen y guiaron al proyecto desde el inicio. Los sucesivos «relatos provisionales» (como el «anteproyecto», las revisiones y los informes) expresan las mutaciones y reorientaciones del proyecto —los «avances»— integrando nuevas evidencias, hallazgos, fracasos y otras experiencias. Estos luego ayudan a guiar o reorientar el proyecto en caso de que sea necesario o deseado a la luz de nuevos hallazgos y conocimientos.

En diciembre 1999 y enero 2000, se presentó «Vectorial Elevación» del artista mexicano-canadiense, Rafael Lozano-Hemmer, en el Zócalo de la Ciudad de México como parte de las celebraciones del nuevo milenio.* Si reflexionemos acerca de esta obra, ¿cuáles son las preguntas que podemos hacer acerca del proceso de investigación-realización que se llevó a cabo?

 


*El Zócalo se convirtió por 7 días en una escultura de luz interactiva

—Arturo Cruz Bárcenas para La Jornada, 7 de enero de 2000.

Rafael Lozano-Hemmer, el único arquitecto «relacional» en el mundo – «Yo no hago un espectáculo, pues mi trabajo no tiene principio ni fin», dice el creador.

Con las letras la luz; eso es de antaño. Ahora, con haces, el arte, la rebeldía a través de Internet. Con 32 años de edad, Rafael Lozano-Hemmer creó una idea, un trabajo espectacular que finalizó hoy, a las siete de la mañana, en el Zócalo capitalino; fue una propuesta estética para que la gran plancha y sus edificios no sean nunca más lo que han sido: sólo piedra, mármol, acero, historia fría, apabullante macroplaza en la que el individuo es reducido a una dimensión ínfima.

Con estudios en historia del arte y en ciencias (química), este joven critica los conceptos del muralismo mexicano, los cuales para él ofrecen una visión trágica y esquemática de las personas, además de que, finalmente, refieren un arte encerrado.

El 31 de diciembre, Lozano-Hemmer ofreció un espectáculo dentro de las celebraciones por la llegada del nuevo milenio. Sobre la Plaza de la Constitución y con fondos musicales, rayos de luz formaron domos, arquitecturas y esculturas «relacionales». Como todo espectáculo que merezca ser llamado así, sorprendió. Pero sólo fue ese día. Lo que él hace no es un espectáculo finito en sí. Hace arte, infinito por antonomasia.

La plancha capitalina, retransmitida en tiempo real por Internet.

Desde esa especie de laboratorio instalado en el cuarto 305 del Gran Hotel de la Ciudad de México, tecnología computarizada de punta, con programas creados exprofeso, Rafael, auxiliado por un equipo de especialistas de varias nacionalidades, nos da luz sobre su luz.

«En esta pantalla de computadora podemos ver el Zócalo retransmitido en tiempo real por Internet; hay tres cámaras en el espacio. Aquí podemos apreciar (con el índice apunta a uno de los cuadros de la pantalla) una perspectiva desde el Gran Hotel de la Ciudad de México y el movimiento de las lámparas robóticas. Podemos elegir otra cámara, colocada en uno de los balcones del Palacio Nacional, y otra que está en la Torre Latinoamericana. Esta última es para darle un contexto a la gente de otros países que no sabe lo que es Zócalo. Cualquiera puede apuntar a la Catedral o a la Suprema Corte y aparecerán explicaciones sobre cada uno de los edificios (la dirección para entrar es www.alzado.net)».

La parte que más le interesa a Lozano-Hemmer es la del sitio alzado-vectorial, que consiste «en un domo de luz, una escultura de luz hecha con 18 proyectores antiaéreos de 7 mil vatios cada uno. En lugar de tener un show de luces, como se ha dado en otras ciudades, aquí la gente es la que diseña los patrones de luz sobre el Zócalo capitalino.

«Hasta ahorita (del 26 de diciembre al miércoles 5 de enero) tenemos 731 mil visitas al espacio web; hay procedentes de Dinamarca, Argentina, México, Hidalgo, Zacatecas… de todos lados! Se entra a un espacio de realidad virtual, en donde se puede ver en tiempo real al Zócalo capitalino; es una representación en tres dimensiones de la Plaza y sus edificios. Podemos navegar seleccionando una serie de cámaras o de vistas; la idea es que podemos asir las luces que están sobre el Zócalo y moverlas, desplazarlas a la posición tridimensional que nosotros queramos (manipula los haces y los rayos forman pirámides y figuras hechas al libre albedrío). Aprietas el botón de continuar y se pregunta ‘Ƒquiere usted mandar este diseño a México?’; se pone el nombre y la dirección electrónica, más un comentario, y se manda a esta ciudad».

Cuando el diseño es realizado se hace una página web que documenta a éste, con hora y fecha precisos. A Rafael le interesan mucho los comentarios que hacen los diseñadores, que van desde los personales hasta politizados y sociales, «pues al final estamos hablando de los edificios emblemáticos de la nación; el resultado final son las páginas web y el cielo del Zócalo cambia cada seis segundos, con base en los datos que se reciben de Internet. Los patrones nunca se repiten, pues la gente elige cosas diferentes».

Artista electrónico.

No hay muchos antecedentes de este tipo de trabajos.

«Uno fue el de Masaki Fujiyata, de Japón, pero lo que él permitía era encender luces puntuales, una ventana de un edificio. Aquí hacemos un entorno tridimensional, una especie de domo geodésico; no había precedentes. Las lámparas robóticas que utilizamos son cañones antiaéreos, originalmente inventados durante el fascismo para vigilar el vuelo de lo aviones. Mi idea como artista es romper ese mensaje bélico y abrirlo para que sea la gente la que lo controle y participe en un evento de transformación a escala urbana. El Zócalo, por su dimensión, puede hacer sentir diminuta a una persona; aquí posibilitamos que los participantes puedan amplificarse».

Lozano-Hemmer es un artista electrónico con 12 años de trabajo en la intersección de nuevas tecnologías, arte y teatro (estudió en Canadá); desde niño se interesó por las computadoras, pero éstas le atraen desde el punto de vista de «las implicaciones a nivel urbano, que verdaderamente transforme a las ciudades. He hecho trabajos en 25 países y esta es la primera ocasión que lo presento en donde nací (es de la colonia Nápoles); para mí es un gran orgullo hacerlo por fin en mi ciudad».

Acceso a computadoras gratis.

Es un performance?

LH: Sí, nada más que los actores son el público, la gente, que es la que controla.

La gente entendió tu idea estética?

LH: Yo creo que hay dos tipos de participantes: los 2 millones de usuarios registrados en Internet, por un lado y, por otro, la gente que desconoce el uso de Internet en este sistema y que también disfruta las esculturas de luz, lo cual cambia su forma de entender el Zócalo como espacio colectivo. Me preocupaba mucho que en México los 2 millones de personas conectadas a Internet representan a una elite económica, técnica, Ƒpor qué no?; por eso me esforcé en desplegar una serie de computadoras de acceso libre, gratis, público, en librerías, en mediatecas, en museos.

Así fue, en el Centro Nacional de las Artes, el Centro Multimedia y en el Museo Papalote, Telmex tiene un convenio con muchas bibliotecas públicas con acceso gratuito a Internet. Se trató de romper el elitismo, dada la incapacidad de mucha gente de tener una computadora en su casa.

El Zócalo es la plaza de la independencia, donde Gualdi en el siglo XIX iba a levantar la columna de la Independencia, lo cual nunca se hizo. Ahora lo que necesitamos en un monumento a la interdependencia; vivimos una etapa de globalización, donde la cultura está siendo importada-exportada; hay híbridos, hay mutantes, porque distintas fuerzas políticas están llegando al poder; estamos llegando a un punto para redefinir lo que significa ser mexicano.

La luz, mensaje abstracto.

Te preocupa la globlalización, la estandarización, la homegeneidad, lo que se ha dado en llamar uniformización?

LH: La luz, al final, es un mensaje muy abstracto, de esperanza; hay una serie de referentes que la luz nos da en forma metafórica. La luz le da a la gente, desde el inicio, buena onda. Sobre la homegeneidad, lo fundamental es que cada persona pueda hacer su propia página web y que tenga un lugar de comentarios sin censura, inclusive sobre la misma globalización; hay quienes dicen que ésta sólo funciona a nivel macroeconómico, pero no a niveles personales, no al nivel de la calidad de vida de una persona. Creo que los artistas podemos buscar las fisuras en tecnologías que pueden ser de opresión e intentar hacerlas de liberación. Las 18 lámparas robóticas que usamos tienen como antecedente creador a Albert Speer, el diseñador de luz de Hitler. Hacían grandes despliegues solemnes de iluminación donde se resaltaba el carácter frío de los edificios, su carácter tangencial, cortante. Nosotros tomamos esa tecnología tan militar, tan brusca, tan predatoria, y le damos la vuelta. Otra cosa importante: el arte en México siempre intentó ser didáctico, se nos quiso enseñar cómo ser. El muralismo, aunque lo admito muchísimo y lo respeto, me parece un trabajo panfletario, que intenta decirle a la gente cómo pensar.

—Tu arte es rebelde?

LH: El Zócalo mide 240 por 220 metros; es la tercera plaza más grande del mundo, después de Tiananmen y de la Plaza Roja de Moscú. Tenemos 18 lámparas con 126 mil vatios de potencia, controlados por la gente desde sus casas. La escala del Zócalo aplasta al ser humano, hace irrelevantes a grupos de 300 personas, las hace ver como hormigas. Busco la amplificación a través de la tecnología. Hay un nivel contestario: la rebeldía contra la escala urbana; la representación, pues, por ejemplo, en el muralismo se nos presenta en una forma idealizada, oprimida y trágica. Ya no estamos en la época de representar; el público se debe representar a sí mismo. Me interesa el arte público. Si ya la televisión nos apendejaba y nos encerraba a cada uno en nuestro cuarto viendo la caja tonta, ahora con las computadoras la fragmentación es mucho más acelerada.

Cómo estuvo la burocracia para organizar esto?

LH: Estuvo difícil. A final de cuentas estamos ante un edificio del PRI, dos del PRD y unos edificios privados. Cada gestión fue complicada. Hubo comprensión y se le dio a la gente algo que no podía haberse hecho en ningún otro país.

Cuánto costó?

LH: No sé, exactamente. Pero esto está funcionando dos semanas. Los costos habría que preguntárselos a CNCA. El licenciado Rafael Tovar y de Teresa vio mi trabajo en Austria, le gustó y me pidió hacer algo para el nuevo milenio, hace año y medio. Intervinieron 15 empresas privadas, casi todas tecnológicas, de seis países.

Esto es un espectáculo?

LH: No lo creo; yo lo llamo una escultura de luz.

El espectáculo para mí tiene una connotación de historia lineal: comienza, la gente lo disfruta, al final aplaude y se va a su casa. Esto no es así; es más bien una intervención arquitectónica en constante funcionamiento, no tiene principio ni fin. Comienza a las seis de la tarde y acaba a las siete de la mañana. No tiene centro, ni narrativa lineal. No tiene comienzo ni fin. Es algo arquitectónico, no un espectáculo. El 31 de diciembre sí hicimos un espectáculo; fue una secuencia de patrones, le pusimos música mexicana de un chavo de Tijuana, para que la gente bailara, algo rave. La escala es espectacular, pero no se pretende entretener a la gente, sino hacerla pensar sobre el espacio de los edificios sagrados.

Lozano-Hemmer inventó la arquitectura relacional hace seis años y tarda de seis a siete meses en producir un trabajo; lleva cuatro en el mundo. Lo apoya un equipo de 12 programadores, de México, España, Canadá y Estados Unidos.

Te dicen algo las palabras finales de Goethe: «luz, más luz»?

LH: Sí, y dice Goethe que entre más brillante es la luz, más oscura es la sombra. Vivimos en la intersección de luz y sombra.