Utopía de una oportunidad

En una sociedad donde la única constante es el cambio y la economía es considerada como uno de sus principales motores, no es de sorprendernos que el arte también se transforme en mercancía y que en este mundo globalizado con una economía capitalista un estudiante de arte quede a merced de un sistema que no le favorece. Por lo que en este ensayo se propone plantear un nuevo sistema equitativo para los egresados del arte.

Muchos habían soñado con la liberación del arte de la tiranía del estatus de la mercancía y de la orientación del mercado

Prada, J.  (2015). Algunas consideraciones sobre la historia del arte de internet. En Prácticas artísticas e internet en la época de las redes sociales (pp.17). Madrid, España: Akal.

Introducción

En el mundo del arte podemos encontrar artistas con más habilidad que talento y que muchas de sus obras se cotizan con bastantes ceros en un cheque, existen aquellos artistas con un don natural para la creación de obras, con poca o nula proyección, lo cual repercute en el intento de venta de su arte. Por otro lado tenemos al NFt’s Art el cual está impulsando una nueva manera de ver, difundir, comprar y vender arte.

En un contexto en el que los campos creativo, político y mediático están intrínsecamente vinculados, las prácticas culturales contemporáneas apuntan hacia un nuevo orden social en el que el arte se ha fusionado con la vida, privilegiando la experiencia vivida, la comunicación colectiva y la política performativa. A su vez, la mercantilización de la cultura y su uso como recurso, así como la fusión de arte, política y medios de comunicación, han tenido un impacto significativo en la forma en que operan las economías capitalistas.

Irmgard Emmelhainz. (febrero, 2013). El arte y el giro cultural: ¿Adiós al arte autónomo y comprometido?” E-flux Journal 42. 

Cuando el arte se transforma en mercancía se vuelve un órgano del capitalismo que estará obligado a responder a la ley de la oferta y la demanda, por lo tanto, si a un artista se le pide arte de baja calidad, lo produce, pero si se le pide arte de alta calidad, lo produce de alta calidad. La demanda también va a determinar tu proyección en museos o galerías. Pero ¿Qué determina la demanda?, ¿Cómo llega un artista a ser reconocido como mercancía?, ¿Quién lo determina?, ¿Dónde se anota uno para obtener esa oportunidad?

De esas interrogantes surge una más, ¿No sería extraordinario que todos los artistas tuviéramos la misma oportunidad de poder exhibir nuestro trabajo en los grandes museos, sin tener que depender de la burocracia de las galerías, el apadrinamiento, los trámites del mismo museo, la oferta y la demanda? En virtud de que el arte tiene muchas ramas, por ahora solo nos enfocaremos al arte contemporáneo, en consecuencia, el ejemplo servirá y se podrá replicar para las demás derivaciones del arte.

Planteamiento

Imaginemos un mundo del arte donde todos pudiéramos calendarizar una exposición en el MoMA (Museo de Arte Moderno, Nueva York, Estados Unidos de América), MAM (Museo de Arte Moderno, San Pablo, Brasil), GARAGE (Museo de Arte Contemporáneo, Moscú, Rusia), MUAC (Museo Universitario de Arte Contemporáneo, Ciudad de México, México). Tanto en los centros más importantes como en los más chicos, pero igual de relevantes. Que todo artista pueda exponer en los museos más representativos de cada ciudad. ¿No sería genial poder disfrutar un Jeff Koons en el MACAY (Museo de Arte Contemporáneo de Yucatán)?

Pensemos por un momento que un alumno de la ESAY (Escuela Superior de Artes de Yucatán) tiene la misma posibilidad que el alumno que estudia en SAIC (Escuela de Arte en Chicago) o en la RAA (Real Academia de las Artes en Londres). Dejemos a un lado los beneficios que obtenemos al estudiar en una de las instituciones más prestigiosas del mundo del arte, pensemos menos en el beneficio personal y reflexionemos sobre un nuevo sistema que beneficie a todos por igual. Un modelo sin trabas burocráticas, sin jueces y hasta sin expectativas, un sistema simple, en donde todos los estudiantes tienen los mismos beneficios al termino de la carrera.

Así que si eres un graduado de una institución de arte, que deberá estar debidamente registrada en lo que llamaremos “Circuito del Arte” (en lo sucesivo “CA”), al graduarse se tiene que agendar su exposición en los diferentes museos de arte contemporáneo del mundo. Y claro, los museos tendrán que prestar una sala entera para los nuevos artistas graduados del CA.

Por supuesto, se va a pensar que son muchos alumnos, pero también pensamos que hay muchos museos de arte contemporáneo en el mundo. Un día nos tocaría en Londres y otro día en Tijuana. Pero la calendarización de las obras no es la única función del CA, las obras expuestas se pondrán a la venta, todas con el mismo costo sin importar ¿quién la hizo o dónde estudió?, el costo no influirá si se adquiere en el MoMA o se adquiere en el MACAY. La venta de las obras detonará equidad entre los artistas recién egresados, contemplando ganancias al artista, al museo, al CA y sobre todo al consumidor final. Con lo anterior, seguimos en la dinámica del capitalismo, pero con un guiño a la economía social y solidaria.

Para los casos de que alguna de las obras se venda, el 60% (sesenta por ciento) de la ganancia sería para el artista, un 30% (treinta por ciento) sería para el CA, en virtud de que el circuito genera gastos y hay personal detrás que tiene que manejar piezas en diferentes países, por último, un 10% (diez por ciento) para los museos que decidan exponer las diferentes obras. Dentro del esquema que se propone, las escuelas que estén registradas en el CA estarán obligadas a cubrir una cuota por el beneficio de dicho proceso. Pero los porcentajes y los detalles no son lo importante, lo importante es el aporte de todos (estudiantes, escuelas, museos, galerías) para el beneficio de la comunidad artística.

No habría que enfocarse únicamente en el beneficio del artista recién graduado, sino también en la diversidad de obras que podrán captar los museos, así como el flujo de personas que el circuito pudiera atraer. Esta situación permite que surjan nuevas ideas, que se aprecien y surjan nuevas técnicas y movimientos artísticos. El mercado abierto es un antídoto contra el monopolio del gusto artístico.

Yo no soy capaz de determinar si las escuelas obtendrían una mayor cantidad de matrículas, pero definitivamente sí se tendría un beneficio al poder exponer mundialmente lo que realiza la escuela o universidad.

Con los beneficios mencionados, no pienso resolver el problema del elitismo y burocracia de las galerías que en la actualidad pueden quedarse hasta con un 60% (sesenta por ciento) del valor de la obra. Tampoco considero que se podrá realizar un mercado más estable, pero si un mercado emergente que fomente la variedad, en la cual no se necesita ni una comisión especial, ni un grupúsculo de expertos para dar la aprobación a los gustos que el mercado (que a criterio de ellos) requiere. La oportunidad de obtener una pieza de arte que ha sido exhibida en todo el mundo a un precio asequible. Hacer de la venta y compra del arte algo no tan exclusivo de las altas esferas.

Los museos y las galerías tendrían una oferta diferente, sin duda arriesgada, pero mantendría el flujo de arte y hasta pienso que podría haber un mayor flujo de personas por el simple hecho de poder ver lo que se hace en otro lado.

Sería iluso creer que todos empezamos con “las mismas oportunidades”, ya que es por todos conocido que no todos los artistas tienen la oportunidad de estudiar en una escuela formal de arte. Imaginemos entonces, poder tener un espacio en el MoMA o acudir al MACAY, ver lo que realizaron los alumnos de Japón, de Finlandia, de Jordania o de Tamaulipas, conocer tendencias y darnos una idea de lo que se está creando en otros países y regiones. Ampliar nuestro bagaje cultural y recordar que no somos iguales, que vivimos en lugares diferentes pero que el arte puede ser el conducto para unirnos.

Sucede que el arte es la única disciplina que permite una exclusividad. Imagínate pagar para poder leer sólo tú mismo Cien años de soledad o escuchar sólo tú a Plácido Domingo. Eso es imposible que suceda en la música o en la literatura, pero no en las artes plásticas, donde tú puedes comprar un cuadro y colgarlo en un rincón donde sólo tú puedas mirarlo”.

Matos Moctezuma. (2014). Arte: ¿una industria inmadura en México? septiembre 12, de Forbes. 

Por supuesto mi planteamiento es utópico, sé que implicaría un despliegue gigante de muchas voluntades, no solo de las escuelas y los museos, sino también de un proceso que puede ser frágil e inestable, aunque solo me inclino por obras físicas, me parece que este proyecto podría ser más viable para un mundo digital, no solo por el acceso, sino por porque los procesos serían menos vulnerables. Pero ante tales prejuicios podríamos recordar una anécdota de Heinrich Heine:

Cuando hace poco me paré con un amigo en la catedral de Amiens, me preguntó por qué no construíamos ya monumentos tan semejantes; a lo cual contesté: “Querido Alfonso, los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros los modernos, no tenemos más que opiniones, y para levantar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión.”

Tratemos de hacer menos exclusivos el mundo del arte, tener más ojos en nuevas obras, en diferentes lugares, poder llevar el arte a las masas en todo el mundo, que el mundo digital sea un aliado ( como lo ha sido hasta ahora), que las escuelas no solo sean un semillero, sino también una plataforma, que de este mundo tan interconectado podamos conectar alianzas, procesos y gestiones salir de los límites de los muros de un museo o galería que controla el mercado.

Desarrollemos una convicción de ayuda mutua, de logros compartidos, de procesos confiables, de galerías y museos llenos de gente nueva, hablemos y pensemos en un sueño de oportunidades para todos.

Alojar lo prohibido en lo imposible, haciendo de todo arte moderno no un arte constitutivamente dedicado al testimonio de lo irrepresentable.

Jacques Rancière. (2006). El viraje ético de la estética y la política. Madrid, España: Fondo de Cultura Económica. (pp.43)

Bibliografía

  • Jacques Rancière . (2006). El viraje ético de la estética y la política. Madrid, España : Fondo de Cultura Económica.
  • Prada, Juan. (2015). Prácticas artísticas e internet en la época de las redes sociales. España: Akal.