La Activación de Espacios como parte de los procesos de apropiación y formación de comunidad. Análisis y observaciones sobre las acciones culturales

Resumen

Como parte del proceso de investigación para la maestría en Artes de la Escuela Superior de Artes de Yucatán / ESAY, este ensayo propone tomar algunos de los conceptos y teorías vinculadas con en el curso Debates y Prospectivas del Arte, que puedan complementar tanto el proceso de investigación, como el de conceptualización, y que aporte fundamentos teóricos necesarios para concluir con el proceso. En este ensayo se intentará otorgar un espectro general de las situaciones actuales de la cultura en Quintana Roo, especialmente en el norte del estado del que forma parte la ciudad más importante y habitada de la demarcación territorial, conocida como Cancún y nombrada oficialmente como Municipio de Benito Juárez. Diversos son los factores por los cuales se ha decidido realizar un proyecto de investigación que genere el trazado de las bases para la profesionalización de las artes en Cancún, pero antes de ello, se requiere de ciertos análisis sobre el estado de las artes visuales actualmente, la generación de propuestas y discursos artísticos y su impacto social, su vinculación con las políticas culturales designadas desde las administraciones de los gobiernos estatales y municipales, así como diversas problemáticas sociales generadas por el diseño de la ciudad como proyecto económico, que es necesario contextualizar desde una perspectiva proveniente de las artes.

Introducción

En Cancún coexistimos una de las más diversas sociedades imaginables, no sólo de mexicanos que provienen de cualquier parte del país, pero igualmente de extranjeros que provienen de diversas partes del mundo. Cancún, como ninguna otra ciudad de México es una sociedad sin arraigos culturales formados desde su geografía, pero con muchos arraigos individuales formados desde las ciudades de origen de sus habitantes. Este es un efecto propio de una zona privilegiada en escenarios naturales que ha sido utilizada a beneficio del motor económico que representa la industria turística. Diseñado así desde su concepción, Cancún formó parte, junto con otros ocho destinos, del proyecto económico y político nombrado como “Centros Integralmente Planeados” que detonaron el impacto turístico mexicano a nivel mundial, pero que sin duda tiene en Cancún el mayor de los éxitos sobre cualquier otro ejemplo. Cancún cuenta con diferencias y particularidades que le distancian sobre sus congéneres, Ixtapa y Los Cabos que se fundaron también en los años setenta, reflejo de sus ocho millones anuales de turistas respecto de los dos millones de Los Cabos, su competidor más cercano.1 tu nota al pie

Desde la fundación de la asociación civil Proyectos Educativos de Arte AC en 2015, nos hemos encontrado con un ambiente en el cual el desarrollo de las artes en Cancún tiene poca relación con las situaciones económicas y políticas de la ciudad. En paralelo a lo que podría ser el avance del desarrollo cultural, un reflejo de la bonanza económica en otras ciudades, para Cancún resulta todo lo contrario. Es decir, el hecho de que esta ciudad sea el principal generador de ingresos por turismo en el país, mismo que aporta a México el sexto lugar como destino más visitado en el ranking internacional de la Organización Mundial de Turismo, (Entorno Turístico, 2020), no implica que, a cincuenta años de fundación, las artes tengan en Cancún un desarrollo espejo a su economía.

¿Qué factores fundacionales han afectado social y culturalmente como claves en este fenómeno?, ¿Qué relaciones tienen las estrategias políticas y de gobierno, en el diseño de la política cultural del municipio de Benito Juárez?, y finalmente, ¿Qué acciones son necesarias impulsar nuevos espacios desde las comunidades y sectores sociales, con el propósito de vincular a la cultura como una herramienta generadora de tejido social? En este ensayo se otorgará un breve escenario de las situaciones culturales actuales de la ciudad, así como diversos argumentos propios para validar una propuesta futura que incida en la identidad y en los fenómenos sociales de las próximas generaciones de ciudadanos quintanarroenses, y qué para los objetos del proyecto de investigación y tesis de la Maestría en Artes, servirán como un acercamiento al capítulo que desprenda este documento.

La conformación geográfica como factor clave de la distancia social.

Cuando se escucha el título de Centro Integralmente Planeado, nos daría a pensar que en el proceso de planeación se tomaron en cuenta todos los factores que integraron el proyecto fundacional de Cancún. Los análisis y publicaciones sobre la conformación de estos Centros son extensos y diversos, y las problemáticas que la mayoría de ellos expresan y coinciden, corresponde a los efectos generados por, justamente, la falta de integrar los elementos sociales y culturales en la planeación y en su ejecución. En el caso de Cancún, no sólo es evidente la falta de visión y prospección sobre el desarrollo social, además, tal parece un proyecto “desintegrador” diseñado así de manera deliberada con el propósito de mantener una distancia considerable entre el “destino” Cancún para el turismo, y el municipio de Benito Juárez de los ciudadanos.

Apenas a diez años de haberse conformado la ciudad, ya se generaban relatos y análisis sobre los efectos de la planeación urbana de Cancún. Daniel Hiernaux comenta en 1985 sobre las contradicciones sociales de haber realizado un diseño “monofuncional”, en otras palabras, tomando en cuenta el proyecto únicamente como un medio para los objetivos turísticos y no como una vía de solución a las necesidades socio-urbanas.

Cancún tiene dos fases urbanistas iniciales desarrolladas, fraccionadas y administradas por FONATUR. La primera y más importante es la que corresponde a la designación de una franja turística, la “zona hotelera” que concentra los servicios turísticos y recreativos, hoteles, marinas y campos de golf (casualmente el único museo, el Museo Maya de Cancún, se encuentra en esa zona). La segunda designación territorial pertenece a las “supermanzanas” diseñadas bajo el esquema de circuitos por el arquitecto Mario Pani, quien en los años cincuenta trazó Ciudad Satélite en la zona conurbada de la Ciudad de México. Esta sección de la ciudad se conoce actualmente como la “zona centro”, que cuenta con problemáticas generadas no solo por adaptar un diseño exitoso bajo otras circunstancias y contextos que no empatarían con las necesidades de Cancún, sino al igual por una falta de visión futura sobre el crecimiento poblacional, que ha tenido consecuencias además sobre la movilidad y el tránsito vehicular. Los centros culturales, los únicos que existen en la ciudad, administrados por los gobiernos estatal y municipal, se encuentran en esta zona.

Una tercera fase de urbanización se llevaría a cabo posterior a los diez primeros años de fundación, ya sin la mano de reconocidos arquitectos y urbanistas. La conformación de las “regiones” se resolvió como una imperante necesidad de otorgarle vivienda a miles de personas que representaban la mano de obra en la naciente industria del servicio y que trabajaban en la construcción de los complejos turísticos. Es a Joaquín González Castro, presidente municipal en 1984 a quien le corresponde inaugurar el proyecto “Nuevos Horizontes” cuando la participación por divisas turísticas de Cancún ya representaba un 25% y contaba con 7000 cuartos de hotel. El mismo González Castro alude el “paradójico desequilibrio social: más de la mitad de la población no contaba con servicios de agua potable, electricidad, calles, escuelas, centros de salud ni unidades deportivas.” (Fundadores de Cancún AC, 2020). Parte de esta problemática la representa la falta de diversas consideraciones, una de ellas es un calculo muy discreto respecto del éxito del proyecto que podría justificarse, como ya se indicó, porque ninguno de los otros dos Centros desarrollados paralelamente a Cancún tuvo tal crecimiento observado desde cualquier punto de vista. En la década de los ochenta el crecimiento poblacional de Cancún tenía un avance anual continuo del 23%. Pero otros que si pudieron observarse eran las condiciones de vida y por lo tanto de integración de la clase trabajadora a las dinámicas sociales del resto de la ciudad. A partir de ese escenario, la ocupación desordenada de terrenos dio lugar al espacio que actualmente ocupa más de la mitad de la población cancunense, el cual inició en asentamientos irregulares sin servicio alguno. Con “Nuevos Horizontes” nacieron los cientos de colonias populares que dividen Cancún a partir de la avenida López Portillo, el programa de reordenamiento urbano impulsado por los tres niveles de gobierno ya no contó con los atractivos circuitos y parques, sino en la priorización de servicios básicos y de la instrumentación de programas sociales entre ellos la fundación de las primeras escuelas, parques comunitarios y centros deportivos, así como diversos proyectos culturales emanados desde la sociedad civil, que fueron la base de la posterior fundación de teatros, centros y recintos diversos para otorgar cursos y talleres en diferentes disciplinas, como la Casa de la Cultura. Al termino de 1987, según lo comenta el presidente González Castro: “todo habitante de Cancún tenía a su alcance servicios básicos fundamentales”.

Ante el inigualable éxito económico de Cancún, se torna complejo el cuestionamiento de las problemáticas sociales, solo respaldadas por los altos índices de violencia intrafamiliar y violación que sólo son evidentes localmente y no ejercen situaciones que desmeriten el crecimiento turístico aún. Desde la perspectiva económica y empresarial, se ha justificado el problema como una consecuencia no calculada, debido a un proyecto de éxitos sin precedentes. En efecto el debate propuesto no solo es por el diseño de la Ciudad al servicio de cumplir, preservar y fortalecer su objetivo principal, sino por la carencia de un balance en su conformación. Un balance necesario para implicar socialmente a los ciudadanos, integrarlos en comunidades, y generarles sistemas de seguridad e identidad colectiva.

La institución cultural al margen de los procesos sociales

En todos los niveles educativos, sociales y económicos que conviven en Cancún, existe una constante en la carencia de estructura e infraestructura cultural. Los recintos de gobierno como la Casa de La Cultura y el Centro Culturas de las Artes son insuficientes y atienden a un sector poblacional que circunda a la vecindad o bien que cuenta con los recursos para trasladarse desde su vivienda, para acceder de manera constante a la oferta de cursos y talleres de bajo costo. El equipamiento de estos recintos es limitado y en ocasiones escaso, pero suficiente para un nivel primario y de introducción a las artes. Los especialistas y profesionistas integrados a otorgar cursos y talleres conforman, por lo tanto, una mayoría de personas con un largo recorrido como talleristas, pero con conocimientos igualmente limitados en técnicas, metodologías y conceptos contemporáneos. La administración pública de cultura para Quintana Roo ni Cancún, ha contado alguna vez con un director o secretario con un grado de estudios siquiera cercano a las áreas humanistas. Desde la silla gubernamental y de presidencia municipal, se ha minimizado y desvalorizado por completo la importancia de contar con un especialista en áreas de cultura, que pueda ejercer presupuestos a partir de proyectos y procesos, y no de la promoción individual de eventos y animación cultural, que siempre resulta difícil integrar a un plan maestro o a una proyección con resultados de largo plazo.
Proveer a Quintana Roo de una futura generación de pensadores, críticos sociales y políticos, capaces de rediseñar leyes, proyectos y estructuras culturales, es aún un proceso largo e incierto para un estado que actualmente ocupa el primer lugar nacional en tasa de violación y de violencia familiar

Los planes culturales desde la perspectiva y presupuestos asignados por el gobierno continúan centralizando la oferta educativa en la zona centro de la ciudad. Recientemente se anunciaron las inversiones de SEDATU por un aproximado de 200 millones de pesos asociadas con las rutas del Tren Maya, que para Cancún incluye entre otras cosas, la demolición de una parte del edificio anexo al Centro Cultural de las Artes, en donde se encuentran dos de las únicas cuatro galerías municipales y en donde se otorgaban diversos talleres de artes visuales, para construir un nuevo Teatro de la Ciudad. Sin que a la entrega de este documento, el gobierno municipal o el Instituto de la Cultura y las Artes de Cancún haya anunciado algún plan para continuar o instalar los talleres de dibujo, pintura y grabado en otros recintos bajo su jurisdicción, este es un ejemplo de la asignación de presupuestos, en este caso federales, sin tomar en consideración otros factores más allá del oportunismo gubernamental, sin realizar levantamientos y mapeos de información sobre las necesidades sociales en la disposición de estructuras culturales, para sectores sociales que continúan marginados del centro de la ciudad. De no contar con un plan con el cual se preserven los talleres en artes visuales por parte del municipio, la Casa de la Cultura administrada por el gobierno estatal, será el único recinto de la ciudad con apenas cuatro salones destinados a clases de dibujo y pintura, un taller de cerámica y dos galerías, que otorgue una oferta de enseñanza básica en artes visuales, para una ciudad de más de 900,000 habitantes y que ocupa el primer lugar en crecimiento poblacional del país.

Las fantasías de la cotidianidad en Cancún

Cancún es una serie de mitos que se alimentan a diario de la inigualable migración. Históricamente, Cancún es un conjunto de historias y leyendas sobre el éxito económico de algunos de los más destacados miembros de la sociedad, que han levantado imperios empresariales en tiempo récord. Es cierto también que un importante número de familias y emprendedores, han recibido de Cancún un generoso bono económico que tal vez, de haberse mantenido en sus lugares de origen, no lo hubiesen logrado. Esta misma ilusión es clave en el proceso del movimiento migratorio de otros sectores sociales, no es de extrañarse que los dos países que más habitantes exportan a Cancún por motivos laborales, sean Guatemala, ciudadanos que rápidamente encuentran trabajo en la industria de la construcción y que compiten por puestos con inmigrantes tabasqueños y chiapanecos, y Cuba en la industria del espectáculo, músicos primordialmente que rápidamente se integran a las agrupaciones que a diario recrean a los cientos de turistas ávidos de fiesta y experiencias.

Pero la contraparte de este fenómeno es el que claramente tiene un razonamiento que se debe leer desde los elevados índices de violencia no asociada al narcotráfico. En otras palabras, este lugar que ofrece tantas atracciones para residir es por otra parte el primer lugar en violencia intrafamiliar en México. Las perspectivas en la mejora de vida que buscaron los primeros inmigrantes de Cancún en los años setenta, pioneros que aventuradamente ocuparon los asentamientos irregulares que hoy conforman las “regiones” se han convertido en un fenómeno de la fantasía del consumo, del éxito inmediato, del reconocimiento social, de pertenecer a una escala superior dentro de la pirámide de movilidad. El discurso de la superación personal y la presión familiar por la mejoría económica es consecuente con los embarazos prematuros y no deseados, con un alto índice de mortandad en mujeres relacionado con tumores malignos y enfermedades del hígado. En proporción a la población de ciudades con una población más alta, en cincuenta años Cancún ha desarrollado una ciudadanía con un alto índice de consumo de alcohol y estupefacientes, a causa de tres factores principales: Uno de ellos es un ingreso promedio nacional superior de la base trabajadora, meseros y personal de servicio que en los hoteles complementan su salario con propinas otorgadas en dólares, por otra parte el dominio de los cárteles de la droga a las actividades laborales cotidianas de este mismo segmento poblacional, las redes de distribución en todas las áreas de la ciudad y por supuesto, dentro de los mismos hoteles, y finalmente, las largas horas laborales y la incesante presión hacia el cumplimiento de estándares de servicio, aunado a la poca inversión que la mayoría de las empresas hoteleras aplican en programas de capacitación orientados hacia la perspectiva humanista. Apenas en el 2018, la STPS emitió la NOM-035-STPS-2018 sobre los factores de riesgo psicosocial en los centros de trabajo, que aún pocos hoteles atienden en su totalidad y mucho menos en las acciones de prevención.

Al relacionar estos factores e integrarlos dentro de un conjunto de razones y consecuencias, se esclarecen las causas que dan cuenta de una realidad que no pertenece al discurso del “paraíso”, y evidencia una clara distancia entre el Cancún del magazine turístico, de la ciudad diseñada por FONATUR que otorga su mejor cara al visitante nacional e internacional son sus elegantes complejos atendidos por un 80% de población que vive y sobrevive en las “regiones” o colonias populares y marginadas del resto de la ciudad, y análogamente en los pasillos de su centro de trabajo, haciéndose visible solo al momento en que debe servir una mesa. Este es el verdadero habitante de Cancún, el que invierte cuatro horas de su tiempo en traslados, el que a diario observa, huele y saborea experiencias ajenas que por sí mismo tal vez nunca pueda disponer, la madre soltera, la pareja agresiva, los hijos que son cuidados por la vecina, por el primo o tío cercano, y que forman parte de las violaciones como una estadística que aun no se quiere observar por parte de políticos y empresarios que mantienen un permanente beneficio económico a costa de una población carente de herramientas emocionales, intelectuales y psicosociales que les permitan incluso significarse en sus propias realidades.

Conformar nuevos discursos y acciones culturales

Durante los cinco años que Proyectos Educativos de Arte AC administró y opero el taller de artes visuales “Divertimento”, ubicado en la zona centro de la ciudad, se estableció un programa de becas dirigidas a niños de bajos recursos. El objetivo del programa era otorgar una beca por cada alumno inscrito en cualquier programa académico con pago de colegiatura total. Se invirtió en una campaña para dar a conocer el programa lo cual funcionó en los primeros meses, sin embargo, los niños dejaban de acudir a las clases, incluso fueran gratuitas al término del primer mes. La razón principal de este desinterés la comprendimos en su momento como una afectación al gasto familiar semanal. Trasladarse de una colonia ubicada en las “regiones” al centro de Cancún, corresponde por lo menos a una hora y media de traslado, y abordar hasta tres unidades de transporte. El costo de ese traslado puede superar los cien pesos, lo cual es considerable al momento de integrar que los sueldos base en hotelería, corresponden a un promedio de 250 pesos al día. Por otra parte, muchos de estos niños trabajan fuera de sus horarios escolares o los fines de semana, apoyando a sus padres en tareas y empleos adicionales, como lo son labores en oficios y micro – negocios que procuran aportar al ingreso familiar. Y un tercer factor, relevante y no menos importante, al compartir una mesa de trabajo o un salón de clases con niños de otras clases sociales, provenientes de sectores económicos con mayores privilegios, con un color de piel claro y con otros tipos de comportamientos tanto físicos como de lenguaje, los niños becados que en su mayoría provienen de herencias culturales y fisonómicas mayas, de manera recurrente establecían un mecanismo de defensa y rechazo a integrarse dentro de un mismo espacio, al no compartir e identificarse con el resto de sus compañeros.

Esta experiencia nos llevo a revalorar los métodos y las estrategias a partir de las cuales podríamos incidir en la implementación de acciones en artes visuales, que fueran relevantes para los sectores sociales que continúan marginados de los programas culturales de gobierno. Aunque en años anteriores la asociación civil había participado en acciones aisladas, por ejemplo, otorgar algún taller de arte para comunidades mayas, así como incluir de manera sistemática en el programa de talleres y conferencias del Coloquio a preparatorias públicas como el Colegio de Bachilleres, no se lograba experimentar este ejercicio otorgando talleres a sectores sociales y colonias marginadas de nuestra propia ciudad. El principal factor, además claro del recurso económico o financiamiento de un programa a largo plazo, es el encontrar un canal adecuado para realizar una implementación segura y exitosa, es decir, por si sola, la gestión y activación de una acción cultural supera al esfuerzo y deseo individual de ejecutar la acción misma.

Para que la comunidad se apropie de la acción dentro de su espacio, requiere de un aglutinante, que en todo caso puede ser un representante vecinal, una figura de respeto y liderazgo entre la comunidad, otra asociación civil o institución ya reconocida por su trabajo comunitario, o incluso, un gestor cultural emanado de la misma comunidad. Se le debe procurar tanto al programa como al ciudadano participante, mantenerse en un círculo que le otorgue seguridad, y en el caso específico del ciudadano que le genere interés en integrarse y en participar activamente como un miembro identificado de su comunidad.
El primer ejercicio exitoso de esta propuesta se realizó dentro de la 5ta Edición del Coloquio de Gráfica este pasado marzo del 2021, en el cual se incluyeron tres talleres para niños y principiantes de grabado y esténcil, dos de ellos llevados a cabo en Tulum, y otro más en una palapa propiedad de una asociación civil dedicada a otorgar apoyos médicos, ubicada en una de las “regiones” de Cancún. En los tres casos, una de las claves para generar el interés, la apropiación del espacio como un entorno confiable y seguro para la práctica artística, y el comportamiento de integración a los intereses compartidos de la comunidad, fue la identificación del programa como un actor ajeno a la comunidad misma, a las dinámicas cotidianas del vecindario y del espacio. Al no ser un integrante más, los talleristas, los gestores y coordinadores, se envistieron en automático dentro de un papel de apoyo y no de imposición, al ser un invitado del espacio, la acción cultural aporto a la comunidad un elemento integrador, un resultado sorpresa, una serendipia relevante para el integrante de la comunidad. El ciudadano se apropia de esta manera de la acción, la adapta a su espacio, la ejerce y la disfruta propiciándole un mayor provecho, que el resultado tradicional de los talleres en el recinto propiedad de la institución. El artista colombiano Nicolas Consuegra define al espacio en el ensayo asociado a su exposición del 2019 “El espacio del lugar, el lugar del espacio. La especificidad del sitio en las prácticas artísticas locales”, como un elemento crucial no solo de la practica artística, más allá del lugar en donde se lleva a cabo la obra, se ejecuta, se desarrolla, el espacio es determinante para el entendimiento, para la lectura y percepción de una propuesta artística.

Conclusiones

Que resultados se podrían obtener entonces, de aplicar recursos, planes y programas culturales directamente en los espacios propiedad de las comunidades, en invertir en recintos adaptados dentro de los cientos de domos, parques y espacios con los que cuenta Cancún como parte de la geografía de sus colonias, ya sea en los que corresponden a las supermanzanas del centro de la ciudad, como a los que forman parte del Cancún de las regiones. Que resultados se pueden obtener de dispersar presupuestos, qué de forma continua, ordenada y sistemática propicie que, en el mediano plazo, las mismas comunidades vecinales se apropien de sus espacios para ejercer, por si mismos, acciones culturales en beneficio de su desarrollo.

Es preocupante qué desde la administración de gobierno, no existan programas culturales que propicien el análisis, cuestionen y visualicen los contextos sociales de la población local. Es urgente establecer programas que trabajen sobre procesos de culturización a largo plazo, que se diseñen políticas públicas transversales que atiendan sobre todo a las comunidades urbanas con un alto nivel de marginación social, en desventaja social y económica, y carentes de herramientas que les hagan visibles, les muestren realidades sobre violencia, exclusión, inclusión y respeto a la diversidad, problemáticas sociales que en el corto plazo convertirán el proyecto económico y turístico de Cancún en un futuro incierto.

Las décadas venideras para Cancún son de una bonanza económica interminable, recién en este mes de abril 2021 se ha llevado a cabo la Cumbre Mundial de Turismo en Cancún, el primer gran evento sobre análisis de mercados y economía terciaria a nivel mundial, destacando que Cancún fue elegido sede por su “intensa labor en la aplicación de normas de higiene y salud para la prevención de contagios por COVID-19”. La cultura debe ser tomada en cuenta como un importante aliado del turismo, pero se debe comprender no desde una idea artificia sino provocada por una narrativa social que en el futuro emerjan para ocupar espacios públicos y privados atractivos para el desarrollo de una economía y turismo cultural, pero que al mismo tiempo aporte dentro del engrane de acciones que propicien el mejoramiento del tejido social.

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