Espacio y arte- Apropiación y nuevos espacios en las artes musicales

La importancia que tiene el entretenimiento para la gente, la necesidad de las personas por recibir entretenimiento ya sea de la manera que fuera, en este caso de una manera cultural musical. La música llega al
espectador de una manera emocional, ataca sus sentimientos y se encarga de por un tiempo
determinado desconectar a la persona de su momento real. “es aquella en la que el oyente
se apropia conscientemente del sonido y de sus significados por recorrer libremente las
rutas emocionales que le pone la música“
Hoy en día con la innovación en la tecnología ha logrado que muchas cosas que en el
pasado eran importantes tanto por su presencia física como emocional sean hoy presentadas
tan solo de una manera digital y virtual. El caso de la música es uno de los más notorios, es
este el fenómeno que hace que la música se venda, escuche, y hasta se vea todo a través de
internet, habiendo dejado casi en su mayoría la venta de discos o material físico que
generaba un intercambio más allá del de tan solo escucharla» (Chaman, 2017)

En la música la apropiación de espacios urbanos es bastante común, incluso podemos aseverar que músicos de orquesta lo han llevado a cabo para acercar a las personas de toda índole social a la música de academia.

 

La calle mata, grupo de rock - YouTube

No es difícil encontrar artistas en las principales paradas de metro, subway, underground, etc.

La cuestión en esto es si le otorgamos valor a las expresiones artísticas con relación al lugar donde se manifiestan, acaso es más importante una presentación de orquesta en un teatro o de manera digital?

El hecho, como facto, es que el arte se puede apoderar de cualquier sitio para generarse, incluso podríamos utilizar los baños para realizarlo, no por esto pierde su valor, sino que infieren nuevos valores en ellos.

Desde el período medieval en el occidente el arte era llevado por las calles, y la corte eran el único grupo que podía disfrutar de arte en los castillos o teatros. Aclarando que estos se vuelven populares durante el periodo después al renacimiento, es en el barroco donde los teatros se vuelven el lugar donde se reunían las mejores compañías teatrales o musicales, en estas, los de adelante eran las clases aristocráticas y las de atrás el vulgo.

Pienso que no importa el sitio donde encontremos arte, sino el valor que le damos utilizando el sitio como prejuicio, como ejemplo de esta escena tenemos  a Josua Bell.

 

Un virtuoso del violín, ignorado al tocar en el metro de Washington

El violinista estadounidense, Joshua Bell. (Foto: Ricardo Cases)

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El violinista estadounidense, Joshua Bell. (Foto: Ricardo Cases)

Actualizado martes 10/04/2007 04:34 (CET)
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EFE

MADRID.- El violinista estadounidense Joshua Bell ha demostrado que, pese a tocar magistralmente, si es en el metro de Washington, los pasajeros pasan de largo.

El experimento, planificado por el diario ‘The Washington Post’ y publicado en su dominical de esta semana, consistía en observar la reacción de la gente ante la música tocada por Bell, uno de los mejores violinistas del mundo, que aceptó la propuesta de actuar de incógnito en el subterráneo estadounidense.

El 12 de enero pasado, a las 07.51 de la mañana, el artista y ex niño prodigio comenzó su recital de seis melodías de diversos compositores clásicos en la estación de L’Enfant Plaza, epicentro del Washington federal, entre decenas de personas cuyo único pensamiento era llegar a tiempo al trabajo.

Un experimento del ‘Washington Post’

La pregunta que lanzó el rotativo era la siguiente: ¿Sería capaz la belleza de llamar la atención en un contexto banal y en un momento inapropiado?

En ese momento, Bell, ataviado con unos vaqueros, una camiseta de manga larga y una gorra, comenzó a emitir magia desde su Stradivarius de 1713 -valorado en 3,5 millones de dólares- ante las 1.097 personas que pasaron a escasos metros de él durante su actuación.

En los 43 minutos que tocó, el violinista (nacido en Indiana en 1967) recaudó en su estuche 32 dólares y 17 céntimos -donados a la beneficencia-. La cifra es está muy lejos de los 100 dólares que los amantes de su música pagaron tres días antes por asientos decentes (no los mejores) en el Boston Symphony Hall, que registró un lleno completo.

En cambio, en L’Enfant Plaza, alejado de las campañas de promoción de su arte, fuera de los grandes escenarios y con la única compañía de su violín, a Bell sólo lo reconoció una persona y muy pocas más se detuvieron siquiera unos momentos a escucharle.

Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Estados Unidos, dijo al Post que calculaba que «entre 75 y 100 personas se pararían y pasarían un rato escuchando» al artista, aunque nadie cayera en la cuenta de su identidad a primera vista.

30 segundos hasta el primer dólar

De hecho, pasaron tres minutos y 63 personas hasta que alguien se cercioró de que, efectivamente, una melodía sonaba en el subterráneo.

Un hombre de mediana edad fue el primero en apartar la vista del suelo, aunque fuera por un segundo, para dirigirla hacia Bell.

Treinta segundos después llegó el primer dólar y a los seis minutos alguien decidió pararse por un momento para apoyarse en una de las paredes de la estación y disfrutar de la música.

El violinista comenzó con la interpretación de la chacona de la Partita número 2 en Re menor de Johann Sebastian Bach y siguió con piezas como el Ave María, de Schubert, o la «Estrellita», de Manuel Ponce.

Siete conquistas, 27 ‘colaboraciones’

En total, fueron siete los individuos que detuvieron su marcha para escucharle, mientras 27 decidieron contribuir a la «causa».

Aunque sólo lo reconoció una mujer que había estado en uno de sus conciertos, en general quienes se pararon a escucharle percibieron que el artista no era un pedigüeño cualquiera.

«Era un violinista soberbio, nunca he oído nada así. Dominaba la técnica, su fraseo era buenísimo. Y su cacharro era bueno, también, el sonido era amplio, rico», describió John Piccarello, un supervisor postal que en su día estudió violín.

Otro pasajero que se detuvo a oír al virtuoso fue John David Motensen, funcionario del Departamento de Energía, que sin los conocimientos de Piccarello sí explicó al Post que la música de Bell le hacía «sentir en paz».

La belleza, en el ojo que mira

El redactor del Post, Gene Weingarten, que ideó el experimento, ha afirmado durante una charla con los lectores del diario que retrasó la publicación del artículo debido al premio ‘Avery Fisher’, el más importante de la música clásica, que recibirá el artista mañana.

En conclusión, según el Post, los ciudadanos de Washington hicieron bueno el refrán que defiende que «la belleza se encuentra en el ojo de quien mira». Y en el oído de quien escucha, al parecer.

El hábito no hará al monje -o el Boston Simphony Hall al violinista-, pero bien que le ayuda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Chaman, sebastian. (2017). “EL ESPACIO ARQUITECTONICO COMO VINCULADOR ENTRE LA MUSICA Y EL CIUDADANO (Licenciatura). UNIVERSIDAD PERUANA DE CIENCIAS APLICADAS.