Notas sobre la colonialidad, el colonialismo y el decolonialismo.

Desde una mirada parcial

Inicio anotando que la mayor parte de los estudios sobre el colonialismo, al menos para América Latina, provienen desde una ubicación indicada en América del Sur y el Caribe. Quijano, Mignolo, Barriendos, Dussel, son autores que originan sus discusiones a partir de la muy particular historia de la conquista de las civilizaciones precolombinas de Perú, Colombia, Venezuela, Chile. Los procesos de colonización de esa área geográfica son apenas cercanos al de las culturas mayas y aztecas primordialmente, considerando que para el momento en que Cortés arribo a Mesoamérica las grandes civilizaciones como Teotihuacanos y Toltecas, quinientos años antes ya se habían extinguido, y otros como los Mixtecas eran parte del Imperio Azteca. La cultura Inca, tuvo una existencia de apenas doscientos años en comparación con los Mayas, que hacia 1540, tenían más de tres mil años de haberse conformado como la civilización dominante de todo américa central. 

Cuando un autor como Joaquín Barriendos expone el canibalismo como un importante elemento de la narrativa colonial, esta particularizando una característica que para el caso de la “Nueva España” no es especialmente relevante. Aunque por supuesto se comparten las mismas razones que los conquistadores españoles utilizaron, en función de “normalizar” la sustitución cultural en todos los ámbitos de la existencia mesoamericana, en el caso de los aztecas y mayas existe una riqueza narrativa e incluso un mesurado “respeto” muy por encima del caso sudamericano, proveniente principalmente de haber encontrado sistemas políticos, sociales, artísticos, científicos y tecnológicos, en algunos casos muy por encima de los mismos europeos. En efecto, aunque la mayor parte de los historiadores mencionan prácticas religiosas y de creencias que derivan en los sacrificios humanos, su interés no sólo se enfoca en ello, sino en otras características como las militares y educativas o bien sus jerarquías monárquicas y sociales. 

Por otra parte, comprendo el interés en el discurso descolonizador, pero considero existen otros autores como el mexicano Boris Marañon-Pimentel, quien propone una perspectiva desprendida del ejercicio histórico de la conquista por parte del imperio Español, para analizar desde la modernidad, conceptos como el trabajo y su distribución como parte de las relaciones de poder. 

Desde una ubicación particular

El discurso de la desconolización se tiene que ubicar desde perspectivas muy particulares y no pretender que una misma teoría se aplica para todos los casos, incluso en el uso del concepto que atiende a las posturas euro-usa-centrista y su dominio sobre el canon del pensamiento “universal” en los últimos quinientos años.

A partir de los procesos de conquista particulares de cada zona geográfica de América Latina se devinieron una serie de hechos históricos que actualmente rigen nuestra cultura. El mestizaje tiene diferentes consecuencias dependiendo del contexto en el que se analice. Como resultado de ello, aunque un cincuenta por ciento de los habitantes del continente somos hispanos, entre cada región existen marcadas diferencias culturales que no nos permiten compartir la desconolización desde las mismas ubicaciones. La “herida colonial” utilizada como un concepto que generaliza los desperfectos de la hispanidad contrasta en significados para un habitante del centro del estado de Quintana Roo, que mayormente tiene un origen maya, a un habitante de Cancún, una de las ciudades más multiculturales y pluriculturales del país.