La colonialidad de ver

     Tomando como punto de partida el concepto de la colonialidad del ver, este texto pretende poner en evidencia la actualidad de la lógica etnocéntrica sobre la que se ponen en marcha los procesos de inferiorización racial y epistémica que han caracterizado a los diferentes regímenes visuales de la modernidad/colonialidad. A su vez, aspira a develar las mutaciones geopolíticas, ontológicas y cognitivas del capitalismo impulsado tanto por ‘el hambre por los metales’ como por el hambre de alteridad.

     Sin embargo, reconocer la naturaleza colonial de la visión no significa fortalecer la interculturalidad como un diálogo universal abstracto entre igualdad, ni significa restaurar ningún tipo de imaginación visual global compartida, sino una mejor comprensión de los problemas epistemológicos. La ontología se deriva del planteamiento de establecer un diálogo visual transparente entre diferentes saberes y culturas, es decir, promueve la problematización de consensos y diferencias que se establecen entre grupos culturales y diferentes sujetos, aunque pertenezcan a diferentes tradiciones cognitivas e imágenes visuales, pero confinado a la misma lógica generalizada de modernidad / colonialidad.

     Entre la cultura material del nuevo mundo y la retórica visual occidentalizada, la naturaleza colonial de la visión abre un nuevo tipo de epistemología geográfica y tensión cartográfica nacional. Por tanto, la “invención” y el “descubrimiento” del nuevo mundo corresponden a la nueva territorialización del otro, permitiendo al mismo tiempo la desterritorialización de los lugares de observación y expresión del conocimiento etnográfico. 

     Hasta ahora, la lectura la colonialidad del ver, me hace pensar en el mecanismo de racialización de la cultura visual centrada  con el conocimiento occidental, que tenemos en esta época.  Me hace preguntarme ¿estamos viviendo una nueva colonización, pero globalizada?, no hace mucho tiempo podíamos viajar a diferentes países, encontrar una lectura y una cultura diversa a la que uno estaba acostumbrado, podríamos disfrutarla y tratar de entenderla aunque no fuera completamente de nuestro agrado. Sin embargo ahora podemos viajar a Moscú y encontrar lo mismo que en México o en París. No me mal entiendan, no quiero poner a estas ciudades a la par, por supuesto que tienen sus iconos sagrados y sus particularidades, pero estoy tratando de hablar del cierto contexto que se ha vuelto global, en donde todos nos vestimos de adidas, todos usamos iphone o similar, compramos en Inditex, todos tenemos redes sociales (China, no acepta facebook pero tiene su símil), la belleza tiene un cierto tipo de carácter (uno muy limitado), las ciudades deben tener un museo con una arquitectura espectacular y moderna (de preferencia que sea de arte contemporáneo, pero mucho mejor que sea de la élite arquitectónica de Zaha Hadid, Herzog y de Meuron, Renzo Piano, Toyoo Itō, Big, Frank Owen Gehry).  Mi punto es que creemos que la colonialidad  solo ha sucedido en las grandes conquistas del mundo, pero yo creo que está ocurriendo en un territorio globalizado, estamos copiando un modelo para todos, todos deben tener la misma lectura. Y no es que esté en contra de una globalización, tener un mundo interconectado da muchos beneficios, pero se está perdiendo la multiculturalidad de ciertas partes de nuestro ser. O tal vez solo es un nuevo surgimiento de regímenes o jerarquías visuales que son parte de un «nuevo mundo».

Esta reflexión esta basada en el libro de Barriendos, Joaquín, LA COLONIALIDAD DEL VER. HACIA UN NUEVO DIÁLOGO VISUAL INTEREPISTÉMICO, Nómadas, núm. 35, octubre (2011, pp. 13-29) Universidad Central, Bogotá, Colombia.