6. La dérive revisitada. «Escribir a través de» la ciencia.

Los cuadernos etnográficos evidencian que la etnografía y la antropología no son una ciencia, sino el arte de escribir historias o memorias, o la compilación de un álbum de recortes, que es una forma más de ciencia, es decir, saber. El humilde cuaderno desafía la autoridad de los textos nada menos que la institucionalización del conocimiento, que hoy, orientado a la burocracia y la profesionalización, amenaza con destruir el pensamiento mismo.

— Michael Taussig

«Escribir a través» es una técnica que ha sido empleada por artistas / compositores / poetas, como John Cage, Malcolm Mac Low, Derek Beaulieu y otros, a través de encuentros con los textos de otros artistas / escritores / compositores. Por ejemplo, Beaulieu «escribió a través» de la novela Flatland de Edwin Abbott Abbott de 1884 para revelar su estructura formal1Craig Dworkin y Kenneth Goldsmith, eds. 2011. «Derek Beaulieu de Flatland: A Romance of Many Dimensions», en Against Expression An Anthology of Conceptual Writing, Evanston Illinois: Northwestern University Press , y Cage «escribió a través» de Howl de Alan Ginsberg y Finnegans Wake de Jame Joyce. Según el poeta Steve McCaffery2McCaffery, Steve. (2012). The Darkness of the Present: Poetics, Anachronism, and the Anomaly. University of Alabama Press, pág. 57 , la «escritura a través» de Malcolm Mac Low «ofrece un modo de producción ejemplar capaz de inducir a ‘otros productores a producir [y poner] a su disposición un aparato mejorado,’ uno que convierte a los consumidores en productores y lectores en colaboradores».

Dado que la mayoría de los textos sobre metodología de la investigación están escritos por científicos y están destinados a sus pares, «escribir a través» (o «leer a través») se vuelve especialmente importante para revelar lo que esconde la escritura científica, específicamente su papel en la construcción del «privilegio científico», que se basa en los principios y metodologías positivistas de la ciencia aplicada más que en los principios y metodologías de la ciencia especulativa «pura». Aunque persiste una tensión dentro de la ciencia entre tales metodologías, como reconoce Stebbins (2011), incluso los textos que sí abordan la investigación «pura» y su papel en la «expansión de las fronteras del conocimiento» (Conacyt), tienden a enfocarse específicamente en sus propias disciplinas y «campos» de conocimiento. Estos textos a menudo revelan tanto una falta de familiaridad con las prácticas del arte contemporáneo como una creencia equivocada en la singularidad de las metodologías científicas. Por ejemplo, una publicación universitaria reciente sobre el uso del libro de registro (bitácora) del laboratorio, establece que el investigador debe registrar los datos en una forma que se pueda leer e interpretar mientras se repite el experimento para «evitar que el registro del laboratorio se convierta en un proyecto de arte».3 https://fog.ccsf.edu/~wkaufmyn/ENGN45/Labs/TheLaboratoryLogbook.htm

Tal incompatibilidad percibida entre ciencia y arte contradice la genealogía conceptual compartida de la práctica investigativa en las artes y las ciencias. El arte, como la ciencia, se ha diversificado a lo largo del siglo XX y principios del XXI, en sus esquemas teóricos, métodos de investigación, líneas de investigación, campos de acción y rutas exploratorias. Lo que en un tiempo estuvo, y a menudo sigue estando, dividido en campos discretos de especialización artística (pintura, escultura y grabado, pero también land-art, arte conceptual, videoarte, composición musical y experimentación, performance, arte sonoro, arte basado en el tiempo, arte de instalación, colaboración, etc.), ahora se suele denominar en términos generales como «arte contemporáneo». Esta diversidad en la práctica artística no se debe a la inclusividad del mundo del arte, sino que expresa las formas en que los artistas han expandido su práctica y, en consecuencia, expresa también las formas en que el arte ha expandido sus contribuciones al conocimiento. Esto es precisamente lo que el CONACYT espera impulsar a través de becas para investigación básica («pura»). De hecho, los artistas contemporáneos rara vez limitan su práctica a un solo campo fácilmente definido; cada vez más se basan y trabajan en múltiples tradiciones artísticas, así como en múltiples «campos» de conocimiento.

Como tal, son muchas las veces que la práctica y procedimientos sistemáticos de artistas y científicos convergen por el simple hecho de que hay artistas que incursionan en campos disciplinares tales como: química, ingeniería civil, ingeniería electrónica, matemáticas, acústica, biología, botánica, genética, jurisprudencia constitucional, antropología, sociología, psicología, psiquiatría y más. Es en tales campos de investigación donde los artistas y los científicos a menudo emplean enfoques metodológicos diseñados para confirmar hipótesis, corazonadas y similares. Pero tanto el arte como la ciencia deben su existencia en metodologías especulativas, entre otras, que están libres de las limitaciones disciplinarias, normas institucionales o culturales y/o tradiciones académicas: la deriva en contraposición a la costumbre y la tradición; la exploración en lugar de la confirmación (Stebbins, 2001). Este es el enfoque metodológico general que Stebbins traza en su libro Exploratory Research in the Social Sciences (2001).

Al «escribir a través» del libro de Stebbins, entre otros textos científicos, comenzamos a tener la sospecha de que la división del conocimiento (y la metodología) en «campos» es decididamente artificial, y que podría ser más útil pensar en términos de la heterodoxia del método y la heterogeneidad del conocimiento. “Escribir a través de” un texto a menudo implica suprimir palabras o porciones de texto y lo que McCaffery (2006) llama “transcoherencia”, mientras que el lenguaje de especialización y pericia implica reducir y delimitar por medio de la acumulación de calificativos: exacta + ciencia + experimental + física. Esto es lo que Deleuze llama la síntesis conjuntiva que se reduce a una identidad única. Al eliminar la terminología de especialización y del experto (palabras como ciencia, científico, sociólogo, antropólogo, físico, etc.), se ve que la investigación en arte no requiere la adaptación de  metodologías científicas, sino que los procesos creativos (arte y ciencia) tienen metodologías en común.

De hecho, parece que científicos, artistas y creadores no profesionalizados emplean los mismos procesos en general: un proceso exploratorio, desde la derivación a lo sistemático, que hace visible y audible la materia; un proceso documental, que recopila, selecciona, comenta y archiva; un montaje, que establece conexiones entre visibilidades y audibilidades para formar relatos. Es decir, los procesos creativos de científicos y artistas, ya sean profesionales o no, involucra la creación de «historias» o «relatos» atrayentes y cautivadors (incluso pueden ser «no narrativos» o abstractos), que a la vez son creíbles dentro de un contexto dado. (Relato, de relātus enfatiza la forma en que construimos narrativas, incluso abstractas, al «relacionar», o establecer relaciones entre rastros, pistas u observaciones: «datos».)

Pero mientras que el arte y la ciencia dependen de estos «datos» (ya sean empíricos, experimentales, simulados o derivados), los datos generalmente se consideran inútiles a menos que estén acompañados de algún tipo de documentación. Por ejemplo, los experimentos científicos y los estudios de campo deben ir acompañados de un libro de registro o un diario que a menudo sirve como registro legal. Por supuesto, tales datos (las huellas de derivas, exploraciones o estudios sistemáticos, ya sean artísticos, científicos o de otro tipo) pueden ser útiles, pero sólo en la medida en que los artistas, científicos y otros creadores los integren en relatos atractivos y creíbles, dentro de contextos sociales, culturales, institucionales e históricos específicos. Los relatos no sólo «seleccionan» ciertos datos y construyen una constelación de relaciones entre ellos, sino que también relacionan estos datos con la «obra» o relato invisible y subterráneo sobre el que descansan los relatos visibles y audibles (tal como menciona Borges en «El Quijote de Pierre Menard»).

Como dice Taussig en el epígrafe de este texto, la investigación no es ciencia, sino el arte de escribir historias o memorias, o la compilación de un álbum de recortes, lo que es simplemente otra forma de ciencia, es decir, saber. «Escribir a través» es otro manera de construir un relato. Escribiendo a través del libro de Stebbins, Exploratory Research in the Social Sciences, encontramos que la investigación no es exclusiva de la ciencia. Comienza con curiosidad. Implica una gran cantidad de conjeturas; implica buscar a tientas; mirar a su alrededor; seguir corazonadas formuladas de forma bastante vaga; rellenar espacios vacíos y, en general, descubrir formas útiles de organizar los rastros, huellas y vestigios en relatos, cuentas y memorias.

Es cierto que la exploración se usa a menudo para describir una búsqueda sistemática de algo deseado que de alguna manera no se ve o es desconocido. Pero no se trata de aplicar fórmulas para la recopilación de datos extraídos de la teoría y las prácticas metodológicas convencionales. Por el contrario, la exploración es donde la creatividad se ejerce más ampliamente, donde la imaginación reina con mayor libertad. La creatividad en este dominio proviene del razonamiento inductivo, ya que los investigadores-narradores construyen relaciones a partir de lo que inicialmente les parece un caos. La exploración, en el sentido de dérive, con su carácter abierto y énfasis en la flexibilidad, el pragmatismo y los intereses particulares y biográficamente específicos del explorador-investigador, es una forma más atractiva y precisa de representar la investigación que tratarla como un proceso estrechador y reduccionista, regido por reglas disciplinarias, con fines de resolver y confirmar en lugar de inquietar y cuestionar lo que creemos saber. La exploración no es una etapa preliminar, breve y fugaz, en el proceso de investigación que da paso, cuanto antes, mejor, a lo que realmente importa; más bien es una perspectiva, una forma de acercamiento, una forma de tomar consciencia, documentar, archivar: la exploración como deriva, huella y relato.